Resulta que si preguntamos a nuestros administradores, gobernantes, piensaleyes y otros eruditos, la ley que protege a los minusválidos, la que acerca los recursos a todos, la que regula la eliminación de las barreras arquitectónicas, es cuasi perfecta. Recoge escrupulosamente todas y cada una de las necesidades de las personas que por uno u otro motivo necesitan una compensación.
Aparece sin embargo, hoy una noticia sobre un parapléjico en silla de ruedas que no puede subir a un autobús por carecer este servicio de lo que supuestamente y según la ley debería tener. Y no me valen resquicios legales de los que van llenando expedientes, cupos numerarios y sandeces semejantes. Si la ley no sirve, se tendrá que hacer otra.
Y no es que yo vaya de extremista por la vida, y diga que, necesariamente estos señores que sufren una misnusvalía, tengan que tener todos los recursos necesarios al alcance de la mano, o que obligatoriamente tengan que tener siempre y en todo una compensación. Porque, seguro, que más de uno argumentará que, todo igual no puede ser, y que alguna diferencia habrá en cualquier caso y por mucho que la ley intente ser lo más justa y compensatoria posible.
No pretengo compensar hasta el punto de que ni se note, ni traspase. Digo que, la diferencia, la minusvalía, la discapacidad o como quiera llamarse, ya es de por sí suficiente como para añadir otras. Que, en la medida de lo posible, y mucho más en asuntos tan básicos y necesarios como el transporte, se haga el esfuerzo suficiente, y repito lo de suficiente para que estas cosas no ocurran y para que este señor tenga garantizado algo tan común que no constituye un problema para nadie.
Visto este ejemplo y y otros similares que a diario, y quien tiene la suficiente sensibilidad y vista puede observar en cualquier ciudad o edificio público o privado, en cines, tiendas, y otros establecimientos, se da cuenta de que en realidad no les importa. Y que no se ocupan más que de dejar el expediente legal bien relleno. Que los meapilas que se dan golpes de pecho buscando votos hasta en los tuétanos de los cementerios, reconozcan que no están dispuestos a sacrificar el dinero público en compensar a los que lo necesitan, que digan que no les importa realmente que tengan una vida digna, que admitan que nos les preocupan lo más mínimo porque seguramente ni siquiera se puedan acercar a votar porque no podrán subir al autobús, así que, que más da.
miércoles, 31 de diciembre de 2008
sábado, 27 de diciembre de 2008
Rizando el rizo de la hipocresía
Como buen lector (que no escritor), leo desde hace semanas, casi meses, sobre la crisis que asola el planeta. Según la postura, política en la mayoría de los casos, humana a veces, y raramente objetiva, se dan opiniones muy diferentes. Llama la atención que estas opiniones sean tan opuestas y distintas.
Si leemos a los seguidores, a estas alturas más que seguidores podemos considerarlos limpiachaquetas o interesados oportunistas, del partido del gobierno, la crisis es coyuntural, no afecta a España más que a otros países (consuelo de tontos) y lo que es más importante, España no tiene la culpa, y si la tiene, fue por la mala gestión del gobierno anterior (el de los aznases).
A poco que miremos, incluso por encima, lo que dicen los del partido de la oposición, veremos rápidamente que su postura nos trae recuerdos de ese pasaje entrañable de la biblia (recomiendo leerla junto con "nuestra especie" de Marvin) "El apocalipsis", amén por supuesto de no ahorrar lo más mínimo en insultos para el gobierno en el poder.
Ambas posturas, son tan simples, que no merecen más comentarios ni dan lugar a otro análisis que no caíga en la ineptitud e indolencia de unos y otros.
Para mí hay otras opiniones mucho más interesantes sobre la época en la que estamos inmersos: la que hacen los intelectuales, ecologistas, humanistas, filántropos, vegetarianos, naturalistas, y otras muchas buenas personas que por suerte también pululan por el planeta. No lo digo irónicamente, o si, pero es cierto que aprecio a estos grupúsculos que de una u otra forma se acaban convirtiendo en los luchadores de la justicia, de la verdad, los que son capaces de emocionar a las damas con sus exabruptos voluptuosos sobre sus bondades particulares, y su muy elevado instinto ético y moral para con la necesidad planetaria.
Leo, recientemente, y casi todos son coincidentes, parrafadas inconmensurables, con la boca llena, criticando la injusticia con la que se trata (y más en momentos de crisis) a los países pobres. La indignación exacerbada de otros cuando mientan a las ayudas que los gobiernos occidentales están dando a las entidades financieras. Leo, en definitiva, como hay quien, sabe aprovechar cada situación para quedar bien siempre.
Que los países pobres están soportando el yugo de la riqueza de la que todos medramos, no es una cuestión de ahora, no es peor en momentos de crisis. El famoso cerosiete ayuda a muchos a dormir bien por motivos de conciencia, pero sabemos de sobra que no es una solución ni siquiera a largo plazo.
Si mi crítica recae sobre estos a quienes por otra parte aprecio, es porque no confío ni espero nada de los otros. Si los espoleo es porque no necesito que me digan lo que está bien o mal. Tampoco me emocionan con sus parrafadas sobre las buenas intenciones para con el mundo, o las buenas ideas mañaneras con las que se despiertan cada día y que les sirven para sentirse buenas personas. Ser buena persona no es ningún mérito, es lo normal (debería serlo), jactarse de serlo es vanidoso y estúpido. Tener por tanto buenas intenciones con el mundo mientras lo utilizamos en nuestro beneficio es como dijo el filósofo hace algunos años, hipocresía.
Me pregunto porqué esa necesidad de luchar siempre contra alguien o contra algo, de estos paladines de la justicia mundial. Pienso si no será porque necesitan ser mejores que lo establecido simplemente, o una alternativa mejor a lo acordado por otros. Siempre noto, en sus escritos, debajo de las palabras, de las frases bienintencionadas, un latente y subliminal mensaje etéreo, nunca expresado abiertamente: "yo lo haría mejor", yo tomaría otra decisión, yo tendría otra postura, yo sería más justo, yo..., etc. Pero nunca se concretan en ideas sólidas, tangibles o utilizables, nunca desvelan esa gran idea, esa alternativa de solución más justa. Observan, critican y se rasgan las vestiduras, pero eso, no ayuda.
Si leemos a los seguidores, a estas alturas más que seguidores podemos considerarlos limpiachaquetas o interesados oportunistas, del partido del gobierno, la crisis es coyuntural, no afecta a España más que a otros países (consuelo de tontos) y lo que es más importante, España no tiene la culpa, y si la tiene, fue por la mala gestión del gobierno anterior (el de los aznases).
A poco que miremos, incluso por encima, lo que dicen los del partido de la oposición, veremos rápidamente que su postura nos trae recuerdos de ese pasaje entrañable de la biblia (recomiendo leerla junto con "nuestra especie" de Marvin) "El apocalipsis", amén por supuesto de no ahorrar lo más mínimo en insultos para el gobierno en el poder.
Ambas posturas, son tan simples, que no merecen más comentarios ni dan lugar a otro análisis que no caíga en la ineptitud e indolencia de unos y otros.
Para mí hay otras opiniones mucho más interesantes sobre la época en la que estamos inmersos: la que hacen los intelectuales, ecologistas, humanistas, filántropos, vegetarianos, naturalistas, y otras muchas buenas personas que por suerte también pululan por el planeta. No lo digo irónicamente, o si, pero es cierto que aprecio a estos grupúsculos que de una u otra forma se acaban convirtiendo en los luchadores de la justicia, de la verdad, los que son capaces de emocionar a las damas con sus exabruptos voluptuosos sobre sus bondades particulares, y su muy elevado instinto ético y moral para con la necesidad planetaria.
Leo, recientemente, y casi todos son coincidentes, parrafadas inconmensurables, con la boca llena, criticando la injusticia con la que se trata (y más en momentos de crisis) a los países pobres. La indignación exacerbada de otros cuando mientan a las ayudas que los gobiernos occidentales están dando a las entidades financieras. Leo, en definitiva, como hay quien, sabe aprovechar cada situación para quedar bien siempre.
Que los países pobres están soportando el yugo de la riqueza de la que todos medramos, no es una cuestión de ahora, no es peor en momentos de crisis. El famoso cerosiete ayuda a muchos a dormir bien por motivos de conciencia, pero sabemos de sobra que no es una solución ni siquiera a largo plazo.
Si mi crítica recae sobre estos a quienes por otra parte aprecio, es porque no confío ni espero nada de los otros. Si los espoleo es porque no necesito que me digan lo que está bien o mal. Tampoco me emocionan con sus parrafadas sobre las buenas intenciones para con el mundo, o las buenas ideas mañaneras con las que se despiertan cada día y que les sirven para sentirse buenas personas. Ser buena persona no es ningún mérito, es lo normal (debería serlo), jactarse de serlo es vanidoso y estúpido. Tener por tanto buenas intenciones con el mundo mientras lo utilizamos en nuestro beneficio es como dijo el filósofo hace algunos años, hipocresía.
Me pregunto porqué esa necesidad de luchar siempre contra alguien o contra algo, de estos paladines de la justicia mundial. Pienso si no será porque necesitan ser mejores que lo establecido simplemente, o una alternativa mejor a lo acordado por otros. Siempre noto, en sus escritos, debajo de las palabras, de las frases bienintencionadas, un latente y subliminal mensaje etéreo, nunca expresado abiertamente: "yo lo haría mejor", yo tomaría otra decisión, yo tendría otra postura, yo sería más justo, yo..., etc. Pero nunca se concretan en ideas sólidas, tangibles o utilizables, nunca desvelan esa gran idea, esa alternativa de solución más justa. Observan, critican y se rasgan las vestiduras, pero eso, no ayuda.
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